Quintana Roo

Los “cañonazos” de Mara

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La noche del jueves 7 de abril de 2016, una noticia de gran relevancia corría en el ámbito político de Quintana Roo. Cerca de la medianoche, en un texto difundido a través de sus redes sociales, la entonces candidata a la presidencia municipal de Benito Juárez por Morena, la comunicadora Mara Lezama, confirmaba el rumor que llevaba algunos días circulando: había renunciado a la contienda electoral, argumentando para ello “varias consideraciones”, entre ellas, su seguridad.
Aunque sin explicar claramente a lo que se refería con ello, de acuerdo con la información dada a conocer al día siguiente por los medios locales, Lezama se limitó a exponer que cuando aceptó la invitación de Morena para ser su candidata, lo hizo “para ayudar a cada persona de Benito Juárez” y no “para poner en riesgo a nadie, empezando por mi familia”.
La noticia, que en muchas partes del mundo hubiese constituido un escándalo de proporciones mayúsculas, no representó en el Quintana Roo de entonces más que una explosión equivalente a la de una burbuja de jabón que se desvaneció al poco rato; ni siquiera la propia presentadora, de vuelta a sus programas de radio y televisión, volvió a referirse al tema, que terminó por darse por zanjado e incorporarse al anecdotario de la “normalidad” que se vivía por aquellos días, bajo el férreo control informativo ejercido por la administración de Roberto Borge.
Lo anterior, por supuesto, no evitó que por lo bajo, en los corrillos políticos y en la propia percepción ciudadana se adjudicara al mandatario la autoría intelectual de lo sucedido; a medida que las diferentes versiones iban magnificando la magnitud de las presuntas amenazas recibidas por la candidata y que derivaron en su renuncia, fueron adjudicándole un halo de heroísmo también creciente, que contribuyó a legitimar su credibilidad tras los micrófonos como defensora de las clases necesitadas, víctima a su vez de los embates del poder que la habría cercado y orillado a abandonar su intención de defender las causas populares como abanderada de Morena.
Ahora, dos años después, se ha revelado por fin la naturaleza de las “amenazas” que recibió por entonces Mara Lezama –quien una vez más ha decidido “ponerse en riesgo” y contender por la presidencia municipal de Benito Juárez– y que más allá de meras advertencias para no exponerse a la línea de fuego, se materializaron en auténticos “cañonazos” que recibió de bastante buena gana, a la usanza de aquella celebérrima frase acuñada por Álvaro Obregón en los años veinte del siglo pasado (“nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos”, decía el Manco de Celaya con cinismo).
Aunque, de nuevo a nivel rumores, se habla de hasta dieciséis placas de taxi repartidas entre la comunicadora, su esposo Omar Terrazas y familiares cercanos de ambos, es una realidad la existencia de por lo menos seis que han salido a la luz pública hasta el momento, todas fechadas el 12 de abril de 2016, justo unos días después de que –¡mire nomás que coincidencia!– se diera a conocer su renuncia a la candidatura, y que son las siguientes:

1.- Título concesión 0463, expedido a favor de Omar Terrazas García con el número económico 2318.
2.- Título concesión 0464, expedido a favor de María Elena Hermelinda Lezama Espinosa con el número económico 2319.
3.- Título concesión 0465, expedido a favor de Daniel Berrón Lezama con el número económico 2320.
4.- Título concesión 0466, expedido a favor del menor Omar Terrazas Lezama con el número económico 2321.
5.- Título concesión 0467, expedido a favor de la menor Mara Terrazas Lezama con el número económico 2322.

Los cinco anteriores, para operar en la ciudad de Playa del Carmen, como afiliados al sindicato “Lázaro Cárdenas del Río”. Uno más, éste del sindicato “Andrés Quintana Roo” de Cancún, a nombre de María Elena Hermelinda Lezama Espinosa, con el número económico 6598, ha sido divulgado también a través de las redes sociales y aplicaciones de chat desde hace varios días, poniendo en evidencia la real calidad moral de Mara, al apropiarse sin pudor de tal cantidad de placas, un derecho que hasta hoy les es negado a operadores que llevan años de servicio tras el volante, y sembrando justificadas dudas sobre la honradez con la que podría llegar a manejar los recursos públicos, de obtener el triunfo en las urnas el próximo 1 de julio.
Se trata, sin duda, de una decepción para quienes habían confiado ciegamente en el discurso de impecabilidad y honorabilidad que enarbolan de manera común los abanderados morenistas y que hoy ven en la presentadora un ejemplo de lo fácilmente que exhiben el cobre bajo la superficie dorada con la cual pretenden venderse a la ciudadanía, con sólo rascar un poquito.
Y es que de “Mara” a “mala”, y de “civismo” a “cinismo”, no hay más que una letra de diferencia.

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